Quiero sentirme sombra, para pegarme a tus talones, para ir allí donde tú vayas, para ser cuando tú seas. Quiero ser viento para empujar tu espalda, para chocar con tu pecho y dar libertad a tus cabellos. Exploradora en tus lunares. Sanadora de tus cicatrices. Confidente de secretos. Amante de tus silencios. Las dos corcheas que corean tu nombre; unos pasos detrás de otros pasos; unos pies que juegan con otros pies bajo las mismas sábanas. Un marcapáginas perdido entre tus mil hojas.
Quiero conocer todos tus pliegues y agarrarme a ellos si muerde el miedo. Quiero ver contigo lo que el otoño le hace a los árboles, lo que el invierno cubre, lo que la primavera cura.
Quiero ser la tranquilidad de rozar con los dedos la parte interior de tu muñeca. La seguridad de sentirse en casa. Quiero resonar a tu lado, en plena calle; sentir que desaparezco sin moverme, que grito callando, que callo mientras grito. Que bailo siguiendo tu compás. Quiero dejar que se pregunten por qué.
Dicen que vivir es morir un poco cada día,
sin embargo,
hay días en los que muero un poco menos.
Si estás aquí.
miércoles, 7 de enero de 2015
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Algún día, me gustaría sentirme libre.
No hablo de la libertad escondida en la brisa del mar, ni de echar a correr muy rápido y sin saber a dónde vas. No hablo de sentirte libre encerrada en tu habitación escribiendo sin parar, ni leyendo un libro tras otro delante del calor de un café.
Hablo de la libertad de sentirte bien. De saber lo que tienes, estar agusto con ello, y dejar de prestar atención a lo que te falta; de saber lo que quieres e ir a por ello. Saber lo que haces y lo que deseas a hacer, tener la certeza de que es lo mismo. Dedicarle todo el tiempo a lo que te gusta y saber que eres feliz por ello.
No tolero las felicitaciones de año nuevo. Me parecen absurdas. La felicidad es como la suerte; hay que ir a por ella, no basta con desearla. Un deseo es algo vacío hasta que nos atrevemos a cumplirlo. Por eso no me gusta que me feliciten el año nuevo. Prefiero que me den un buen año, que contribuyan a que lo sea.
Yo no le pido nada a cada año que comienza.
Solo espero que,
un día,
pueda empezar un año
siendo libre.
No hablo de la libertad escondida en la brisa del mar, ni de echar a correr muy rápido y sin saber a dónde vas. No hablo de sentirte libre encerrada en tu habitación escribiendo sin parar, ni leyendo un libro tras otro delante del calor de un café.
Hablo de la libertad de sentirte bien. De saber lo que tienes, estar agusto con ello, y dejar de prestar atención a lo que te falta; de saber lo que quieres e ir a por ello. Saber lo que haces y lo que deseas a hacer, tener la certeza de que es lo mismo. Dedicarle todo el tiempo a lo que te gusta y saber que eres feliz por ello.
No tolero las felicitaciones de año nuevo. Me parecen absurdas. La felicidad es como la suerte; hay que ir a por ella, no basta con desearla. Un deseo es algo vacío hasta que nos atrevemos a cumplirlo. Por eso no me gusta que me feliciten el año nuevo. Prefiero que me den un buen año, que contribuyan a que lo sea.
Yo no le pido nada a cada año que comienza.
Solo espero que,
un día,
pueda empezar un año
siendo libre.
martes, 23 de diciembre de 2014
Tienes la cara de un niño al que acaban de sorprender en plena travesura. O cuando acaba de romper algo. La cara de Pandora justo antes de abrir la caja. La cara de un infiel al que le preguntan qué ha hecho por la noche.
Tienes la delicadeza de un cambio de estación; el frío del invierno y el alivio del verano. El misterio de todos los lugares en los que no he estado todavía. Tienes en tus manos el único camino que no lleva a Roma. Tienes la miel en los labios. Y la sensación de querer repetir.
No creo en el amor, ni en la sonrisa de la fortuna.
Creo en las personas.
Y sin embargo, te he visto ser suerte y me gustaría tenerte.
No sé en qué lugar termina el adiós y en cuál comienza la soledad. No sé si las cinco letras de esa palabra llevan implícito el despedirse del calor de unas manos. Despedirse de sentirse a salvo dentro de otra persona. De ser atropellado por una carrera de carcajadas. De decir lo mismo al mismo tiempo y sonreír. De la armonía de unos pasos junto a otros. Confieso que a veces no sé dónde terminas tú y dónde empiezo yo. Que se me va el aliento cuando amenazas con quererme, un poco como los gritos de un cielo que anuncia tormenta, un poco como tumbarnos y dejarnos llover. Porque tal vez nunca nos desprendamos del riesgo que conlleva querer a alguien, tal vez lo llevemos siempre con nosotros. Tal vez ahí resida la magia de poner el mundo en modo silencio y elegir dejar todo de lado. Y si soy sincera, soy un soldado novato en medio de tu guerra, y a veces me queda demasiado grande. Por otro lado, pienso que un adiós es el pero que estropea una frase. Un pudo ser. Un igual para otra vez. Un adiós son tres puntos suspensivos que preceden algo que nunca sabrás lo que es. A todos nos han dicho adiós alguna vez.
Ojalá no haya peros.
Ojalá sepamos terminar todas las frases.
Ojalá que el adiós nos pille mirando hacia otro lado.
Ojalá no haya peros.
Ojalá sepamos terminar todas las frases.
Ojalá que el adiós nos pille mirando hacia otro lado.
domingo, 21 de diciembre de 2014
Me asusta el portazo, las cortinas corridas, el penúltimo adiós, y en realidad, todos los momentos que dejas pasar sin saber que van a acabarse; que no habrá un "continuará", que es un libro que se acaba sin la segunda parte, o un disco rayado que recita siempre el mismo verso, con la incertidumbre de qué pasará al final de la canción. Me asusta llamar y que nadie conteste, llegar sin que nadie me reciba. El frío impregnado en las sábanas, una estantería sin libros, una mirada vacía de sentimientos.
El "No estoy. Pero aún no me he ido del todo.",
el "No, hoy tampoco voy a ir."
Me asusta perder y la decepción que conlleva a veces ganar.
Me asusta el yo sin ti,
pero aún peor es el yo sin mí.
Olvidarse incluso de lo que significa ser tú,
de la experiencia que es ser propiamente nuestros,
dueños de lo que somos.
El único desamor que temo es el propio.
El "No estoy. Pero aún no me he ido del todo.",
el "No, hoy tampoco voy a ir."
Me asusta perder y la decepción que conlleva a veces ganar.
Me asusta el yo sin ti,
pero aún peor es el yo sin mí.
Olvidarse incluso de lo que significa ser tú,
de la experiencia que es ser propiamente nuestros,
dueños de lo que somos.
El único desamor que temo es el propio.
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